Al mundo de la pintura
me he acercado por una cuestión genética. Mi arte es una
“enfermedad”
hereditaria transmitida con carácter dominante a través
de mi padre a quien considero un gran artista.
Siempre, a través del ambiente que se ha respirado en mi casa,
he estado en contacto con el arte, viviendo inmersa en un sentimiento
cotidiano de la estética, la creatividad y sobre todo de la percepción
de lo que me ha rodeado bajo un punto de vista artístico.
He tendido a crear los cuadros buscando una cierta conexión con
mis gustos tanto en los temas como en la técnica. Mi andadura artística
se inició reflejando, de acuerdo a mi destreza y conocimientos
técnicos de cada momento, lo que me rodeaba y lo que me inventaba,
pero buscando una cierta relación con la
realidad.
Mis primeros cuadros fueron figurativos, pero mi pintura siempre ha mostrado
rebeldía y si el
tema era convencional la composición se rebelaba. Mis experiencias
profesionales no se mostraban en mis obras y no soy consciente de su influencia
en ellas.
Mi evolución artística no se ha desarrollado de una manera
paulatina. Bruscamente descubrí la
abstracción, la sentí, la viví y
me tiré de cabeza a ella. Descubrir que un cuadro más que
mirarle se “siente”
me ha permitido liberarme de las ataduras de la realidad.
Considero mis cuadros como seres vivos,
que interaccionan, que transmiten emociones y que permiten acceder a un
nuevo sentido, mucho más allá de el de la vista.
Intento que el espectador descubra otra
dimensión que guarda dentro de sí mismo,
actuando mis cuadros como unos meros transmisores.
Pinto “sin límites”
tanto en las formas como en las técnicas y los temas han ido desapareciendo
para ser sustituidos por las sensaciones de mi
mundo interior. Así, actualmente, algunas de las
experiencias de mi vida profesional, casi siempre duras en relación
con el dolor, el sufrimiento
y la muerte,
se reflejan en mis pinturas, que se han convertido en verdaderos actos
de creación.
Confío en mi intuición
que es mi inteligencia superior y más poderosa. Me siento un volcán
de creatividad en erupción y tengo la certeza más
absoluta en mi capacidad para transmitir todo ello al observador. Sigo
aprendiendo para conseguir mecanismos que me permitan canalizar mi intuición.
Mis ideas no sé de dónde vienen ni sé dónde
van, aunque tampoco me importa.
Sólo sé que
quiero transmitir a través de mis obras toda la energía
del universo.